UNA FINA CAPA SOCIAL

Entrevista de Gonzalo Sáenz a Miguel Ángel Pérez


Miguel Ángel Pérez García nace en Mieres (Asturias) en 1962. Es doctor en Ingeniería Industrial por la Universidad de Oviedo y profesor de esa misma universidad desde 1990. En 2018 funda la revista literaria Oceanum, de periodicidad mensual, que dirige desde entonces. Oceanum es una publicación multilingüe de ámbito general y que reúne a diversos escritores y artistas de ambas orillas del Atlántico.

Además de varios libros de texto y artículos científicos, hasta la fecha ha publicado varias decenas de artículos de divulgación científica y de literatura, así como tres novelas: Adagio (2015), Cinco horas con RENFE (2016) y ¿Estarás conmigo pasado mañana? (2019). En el año 2020 ha recibido el Premio Internacional de ensayo “Pensando el Siglo xxi” por su obra Una fina capa social (Ed. Torre de Lis).



¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura?

Siempre me gustó escribir. Y leer. De pequeño escribía bastante e, incluso, gané algunos premios de ámbito local o de carácter menor que no van mucho más allá de ser “cosas de críos”. Luego, por una decisión pragmática —no voy a valorar si correcta o errónea— me dediqué a la ciencia y a la tecnología; eso sí, sin abandonar nunca la lectura. Ahí seguí hasta que hace unos años retomé la escritura, quizá como una diversión o evasión de ese mundo científico, tan cuadriculado y aséptico, o tal vez por el del desastre anunciado en que se ha convertido la universidad española tras el impacto de “Bolonia”.


¿Cuántas obras tienes publicadas?

En el ámbito estrictamente literario, tres novelas, un ensayo y alguna colaboración en una obras colectiva. Mi primera novela, Adagio, es de carácter histórico, centrada en el bombardeo de Dresde de 1945 y está relacionada con el supuesto descubrimiento de la famosa composición que, en principio, se asignó a Tomasso Albinoni. La segunda, Cinco horas con RENFE, la escribí en el trayecto entre Gijón y Madrid y narra los sufrimientos de viajar en tren en un país donde las decisiones se toman con poco juicio y mucha arbitrariedad. No recomiendo que la lea ningún político... La tercera, ¿Estarás conmigo pasado mañana?, deambula entre lo onírico y lo urbano, con una parte de novela negra y unos toques de fantasía y distopía. Luego escribí un ensayo, Una fina capa social, que muestra la fragilidad de nuestra sociedad como fruto de la teoría del caos: cuanto más complejo es un sistema, más fácil es que un pequeño evento desencadene un efecto catastrófico de ámbito planetario.

Luego están las obras de carácter técnico-científico... cuatro libros en español de esos que suman cientos y cientos de páginas para aterrorizar a los estudiantes, varias traducciones de otros similares desde inglés y cientos de artículos (estos por imperativo legal, pues así están las normas de la casa universitaria).


¿Te inspiró alguna persona o alguna situación particular para tu último libro?

Un lugar, Pompeya. Es una visita que recomiendo a cualquiera porque demuestra que la humanidad no siempre avanza y, además, muestra la extrema fragilidad de todas nuestras estructuras sociales antes eventos no previstos. Entrar en casas en las que hoy se podría vivir, pasear por calles bien trazadas, con aceras, pasos de peatones, con supermercados —aún se pueden ver los anuncios de productos en las paredes— convierte a ese mundo de hace casi dos mil años en tan parecido al actual que nos tiene que hacer pensar en la miseria y la inmundicia en que vivió Europa desde el ocaso de Roma hasta hace poco más de dos siglos.

Pensé en todo lo que se había perdido por un suceso eventual, lo que se tardó en recuperar un estatus semejante y surgió la necesidad de contarlo. No la erupción del Vesubio del 79, sino por qué está en peligro nuestra sociedad ante eventos sobrevenidos.


¿Qué van a encontrar los lectores entre las páginas de Una fina capa social?

Es muy difícil de saberlo. He tratado de escribir un ensayo que, por definición, no es un tratado ni pretende instruir a nadie, sino es una opinión más o menos fundada que pretende incitar a pensar. Hay quien ha visto una especie de premonición de la pandemia y de sus efectos sobre la sociedad... Es cierto que está escrito antes de esta situación que nos ocupa y preocupa desde hace dos años, pero no pretendía ser agorero. De hecho, lo que se explica se parece más al caos en los suministros que estamos viviendo o a lo que ocurrió cuando un barco se quedó atravesado en Suez hace solo unos meses.

Invito al lector a entender la complejidad de todos los procesos que forman parte de nuestra vida diaria y que suelen pasar desapercibidos: abrir un grifo y que salga agua, accionar el interruptor y que se encienda la luz... Nunca esperaríamos que fallasen, ¿no? Y si lo hicieran, sería asunto de unos minutos. Pero tales servicios podrían desaparecer de la noche a la mañana y quedar inactivos por tanto tiempo que se removerían los cimientos de la convivencia. Ojalá no ocurra, pero tenemos que saber que puede ocurrir.


¿Tienes un horario propicio para ponerte a escribir? ¿Cómo compatibilizas la vida familiar, social y la escritura?

Suelo escribir todos los días, casi siempre por la tarde-noche. Los fines de semana, trato de ampliarlo un poco más. No sé si es propicio o no, pero es el que me puedo permitir para poder mantener una cierta compatibilidad con mi entorno familiar, social y laboral. Sin negar la importancia de la inspiración, tengo un punto de escepticismo —al menos en lo que se refiere a la narrativa o al ensayo—, de modo que no concibo esperar con la pluma en la mano hasta que bajen las musas. Prefiero sentarme a escribir e imaginar, aunque no sea un buen día. El caso es que no se seque la tinta; luego, si las musas tienen a bien hacerme una visita en un momento que tengan libre, ya corregiré el texto de acuerdo con ellas.


¿Qué estás leyendo actualmente?

El profesor A. Donda, de Stanislaw Lem, un regalo de Reyes. Fantástico en todos los sentidos del término, incluso para quienes renieguen de la ciencia ficción; a estos les diría que la mayoría de lo imaginado por el ser humano se termina convirtiendo en realidad y, el resto, queda sobrepasado por esa misma realidad. Lean, lean a Lem, a Asimov, a Philip K. Dick, a Clarke... Luego tengo previsto sumergirme en el universo de Stephen King con una de sus novelas y con una obra sobre el propio autor y su forma de abordar la creación literaria.


¿Tienes otros proyectos literarios en marcha o en mente?

Sí, unos cuantos. Algunos como simple escaleta, otros en fase documentación, iniciados, más avanzados, otros en fase de revisión, algunos concluidos y a la espera de ver la luz... También hay proyectos que se han quedado en el camino por diversas circunstancias. En particular, tengo concluido un ensayo sobre la época de la llegada de Colón a América y estoy en el final de la fase de documentación de una nueva novela sobre un hecho singular de la historia de España en la segunda mitad del siglo pasado.


¿Cuáles son tus autores preferidos clásicos y a quién recomendarías leer de la literatura actual?

Cada vez que se menciona el término “clásicos” para cualquier faceta artística me recuerda algo que se decía en una película: “Para tener un cuadro colgado en el Museo del Prado hay que estar muerto”. Supongo que para ser un autor clásico, también. Si asumimos que la literatura anterior al siglo xix es obligatoria e innegociable, me quedo con algún romántico como Larra, Poe o Rosalía, me salto el realismo para volver con dos poetas, Machado y Miguel Hernández y en pleno siglo xx hay tantos... Me quedaría con cuatro: Umberto Eco, Borges, García Márquez y Vargas Llosa, pero como este último sigue vivo, lo dejo en tres.

De la literatura actual no me atrevo a dar ni un solo nombre. Hay muchísimos; tantos, que mejor esperar a que termine la cocción, no sea que alguno mengüe o le den el Planeta.

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