LOS LUGARES Y LAS SOMBRAS

Actualizado: 11 ene

Entrevista de Gonzalo Sáenz a Eduardo Kahane


Es todo un placer entrevistar a Eduardo Kahane en su faceta de escritor. Kahane nació en Montevideo, Uruguay en abril de 1944. Es intérprete y traductor independiente, miembro de la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (AIIC) desde 1974; trabaja para los organismos de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. Titulado por la Universidad Hebrea de Jerusalén en Sociología y Antropología Social, fue profesor del curso para intérpretes del Polytechnic of Central London e iniciador y primer director del curso de interpretación de lenguas de la Universidad de Salamanca.


Dirigió el seminario El intérprete como comunicador de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo. Fue miembro del Consejo Mundial de la AIIC y de sus comisiones de Investigación y Formación. Ha trabajado en el Servicio Latinoamericano de la BBC, publicado crónicas en El País, supervisado, entre otros doblajes cinematográficos: Nell, ¿Conoces a Joe Black? , Salvar al soldado Ryan y Parque Jurásico III, escribe ensayos, relatos, poesía, guiones y dirige y actúa en espectáculos dramáticos y musicales. Habla español, inglés, francés, portugués, italiano y hebreo.

Ha publicado poesía y relatos en Cuadernos Hispanoamericanos, Index on Censorship y otras revistas. También ha publicado “tribunas libres” y crónica de libros en el periódico El País. Ha traducido del hebreo la obra de teatro del autor israelí A. B. Yehoshua, Siete días de mayo. Ha publicado artículos y ensayos sobre la interpretación de lenguas y los intérpretes en zonas de conflicto y guerra en revistas profesionales y especializadas.


Fue finalista, con Canto al geranio, del II Premio de Poesía “El Bardo” para poetas nuevos de la Editorial Lumen y en 2017, Ediciones Vitruvio publicó su poemario Contratiempos y recientemente ha publicado Los lugares y las sombras con Olé Libros.


¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura?

Al aprender a unir las letras en la escuela descubrí que escribir era un juego musical. Lo fui viendo con las primeras “redacciones” encargadas por la maestra y en los versos y pareados que garabateaba uniendo sonidos y frases que oía, a veces, sin comprender qué querían decir.


¿Cuántas obras tienes publicadas?

Siempre he leído poesía, desde pequeño, pero he sido muy reticente a publicar la mía propia. Fui comunicador radial en la BBC, he publicado crónicas en El País y artículos sobre la profesión de intérprete de lenguas, mi profesión de toda la vida. Pero poesía solo me permití hacerlo en 2017 con el poemario Contratiempos (Ediciones Vitruvio) y más recientemente en 2021, con Los lugares y las sombras (Olé Libros) aunque andan por allí versos y relatos sueltos en revistas y alguna antología.


¿Te inspiró alguna persona o alguna situación en particular para tu último libro?

En este libro aparecen los lugares de la memoria y los claroscuros con que tocó vivirlos. Nadie en particular y sin embargo, todos los que de verdad me han marcado. Y “lugares” hay muchos con una familia y una vida de peripecias, viajes y migraciones.


¿Qué van a encontrar los lectores entre sus páginas?

Quisiera pensar que un testimonio en piel viva que mueva al lector por los vericuetos de sus propios “lugares”, que muchas veces no están hechos de geografía ni de topónimos sino de afectos, emociones, convivencias, duelos, abandonos y sí, también de reencuentros. Me anima pensar en la eventual complicidad de un lector que emprende conmigo un viaje al lugar que algunas personas han ocupado o sido en sus vidas.


¿Cómo compatibilizas la vida familiar, laboral, social y la escritura?

Nunca he conseguido hacerlo. Por alguna razón mi mundo imaginario, poesía, teatro, música, ha sido siempre una actividad oculta. En la familia de origen, inmigrantes donde la prioridad era salir adelante, aquel era un mundo incomprensible, incluso amenazante. Y mi profesión tampoco dejó resquicio ni tiempo verdaderamente disponible. Solo ahora, puedo dedicar a la escritura la energía y dedicación que necesita.


¿Tienes un horario propicio para ponerte a escribir?

No tengo horarios para escribir, aunque suelo hacerlo por la noche cuando la casa y la ciudad duermen. Lo hago en el desorden de mi cueva, protegido de todas las miradas, a veces de la mía propia. No puedo anotarme al exotismo de escribir en cafés, aunque fuera el Café Mogador, en El Essaouira o el Café de la Paix de París. Ya quisiera.


¿Tienes otros proyectos literarios en marcha o en mente?

Claro. Ese es el alimento. Estoy preparando un libro de relatos que espero concluir este año. También tengo iniciado otro libro de poesía, de cuño completamente distinto a lo hecho hasta ahora, donde se recorre una experiencia contemporánea y laica ante el espejo de glosas de sabiduría de la Mishná y personajes, hombres y mujeres del Viejo Testamento.


¿Cuáles son tus autores clásicos preferidos y a quién recomendarías leer de la literatura actual?

No seré yo quien reedite machaconamente, después del colegio y prolijos clasicistas, la necesidad de leer títulos que todos sabemos cuales son y que pueden resultarnos más o menos significativos. Cada uno tiene autores a los que vuelve y convierte en sus clásicos. Ahora, cuando mas se reivindica la poesía y narrativa de mujeres, debo decir que entre mis poetas iniciáticos cuento con magníficas uruguayas como Juana de Ibarbourou, Ida Vitale, Idea Vilariño y la chilena Gabriela Mistral, además del milagro que fue Rubén Darío para un niño de nueve años. Ya adolescente llegaron Borges, Oliverio Girondo o Neruda de América pero también y como si fueran nuestros, García Lorca, Rafael Alberti o Antonio Machado. Sin embargo, la poesía criolla (Bartolomé Hidalgo o José Hernández con su obra maestra, Martín Fierro) y la canción popular uruguaya (con Osiris Rodríguez Castillo, sus letras, cielitos y milongas por copla) abrieron un surco que se ha hecho huella.

He leído con admiración y provecho los Diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia y con sentimientos encontrados Una leve exageración de Adam Zagajewski

Recientemente leí relatos breves de Andrés Neuman (Hablar solos, Hacerse el muerto, Alumbramiento), releído una vez más Velocidad de los jardines y Técnicas de iluminación de Eloy Tizón y devorado su Herido leve, crónicas de un lector entregado a la literatura. También me ha impresionado Sacrificios humanos de María Fernanda Ampuero.


¿Qué estás leyendo actualmente?

Como siempre, tengo abierto más de un libro y en mi mesa de noche veo los cuentos de Chéjov, Clarice Lispector y cómo no la poesía de Wislawa Szymbosrska, Ida Vitale y Louise Glück. Ahora me espera una antigua deuda: Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin.


¿Algún consejo a los nuevos escritores?

Soy reticente a la hora de prodigar consejos porque lo bueno para uno puede ser contraindicado para otro. Puedo hablar desde mi. Pensar que se es capaz de crear, arrancar al vacío y a la duda un personaje, una historia, un testimonio es un acto de fe, no en el Supremo sino en uno mismo. Esa irreverencia, ese coraje, esa perseverancia son necesarios. Pero también ha de haber ternura, compasión y confianza en el duende tímido que, desde un rincón, en nosotros, clama por un oído que atienda a su palabra.






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