Elmer Mendoza

Entrevista de Gabriela Quintana

México, como otros países de lengua hispana, cuenta con escritores contemporáneos reconocidos a nivel internacional y traducidos a varios idiomas. Éste es el caso del escritor Élmer Mendoza, catedrático de literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa y novelista, conocido sobre todo por sus novelas de corte policiaco o novela negra. Aparece como autor desde 1978 con publicaciones de libros de cuento. Su primera novela, Un asesino solitario, publicada en 1999 por Tusquets, fue considerada por los críticos como la primera obra que describe fielmente no sólo la cultura del narcotráfico en nuestro país sino que representa una metáfora literaria sobre la violencia del poder en México. Asimismo, revela parte de las características propias del tejido reciente de la política mexicana insertado en todos los niveles de la sociedad a partir de su idiosincrasia. La novela relata la historia de un candidato a un puesto público y las luchas de poder con las mafias. Una obra que indudablemente no pasaría desapercibida a sus lectores y al gremio literario, sino al mismo gobierno. No obstante, hasta la siguiente novela, El amante de Janis Joplin, se abren las puertas a nivel internacional y el reconocimiento a su calidad literaria con galardones como el Premio Nacional de Literatura “José Fuentes Mares”, entre otros. Posteriormente se consagra como autoridad con la saga de novelas del detective Édgar, el Zurdo Mendieta.

En reconocimiento a su obra y trayectoria, la Universidad Autónoma de Sinaloa le otorgó el grado Doctor Honoris Causa.


¿A qué se debió ese salto de los cuentos a la novela?

En realidad siempre quise escribir novela, es algo que me llamaba mucho la atención.


¿Por qué regresa al cuento con Firmado con un klínex, después del éxito internacional de su novela Balas de plata?

En realidad ese cuento lo escribí mucho antes de la novela, y lo que hice fue darle ciertos arreglos para armar ese libro. Generalmente los cuentos los escribo ahora porque los amigos me lo piden y yo tengo un sentido de la amistad muy firme. Entonces, si un amigo me pide algo, así sea un cuento, lo hago, porque creo que la base de la amistad es eso, la colaboración entre personas.


¿Por qué lo atrapó la novela negra y no otro género?

No sé muy bien. Yo quería escribir mi primera novela exitosa, Un asesino solitario, con murmuraciones. Y fue una novela que quedó bien y me posicionó como novelista, pero todos decían que era una novela de narcos. Al principio dije que no era una novela de narcos, que era una novela de lenguaje. Las novelas de lenguaje son muy raras, si es que hay. Me dijeron: “No. Es una novela de violencia y te van a preguntar por el narco”. Y bueno, así pasó. Lo que hice después fue escribir una novela de narcos: El amante de Janis Joplin, que fue ya una iniciación de una persona en eso y del poder salvaje que tienen los narcos. A partir de ahí, descubro que es un territorio que me gusta, que me queda y en mi ciudad hay muchas historias. Después escribí El efecto tequila, una novela de espionaje. Eso fue porque un tipo me dijo que los mexicanos son incapaces de escribir novelas de espionaje. Le dije: “Te apuesto a que escribo una”; la escribí y pues ahí está. Después escribí Cóbraselo caro, que no tiene que ver con nada, más que con Juan Rulfo y Pedro Páramo, pero a la vez mostré que podía hacer otras cosas. Luego vino la saga del Zurdo Mendieta.


¿Hay alguna evolución como escritor, en narrativa y personajes de la primera novela a la saga del detective Mendieta?

Evidentemente. La carrera de los escritores es contraria a la de los deportistas. Los deportistas conforme pasa más edad, ellos, digamos, pueden hacer menos cosas, y con los novelistas es al revés: entre más experiencia tenemos, obtenemos la posibilidad de conseguir mejores productos. Aparte yo, dentro de los rituales que tengo como autor y que siempre los pienso antes de empezar a escribir todas las mañanas, es que lo que estoy escribiendo es la primera novela, y aunque ya tengo toda la experiencia de las novelas he escrito anteriormente, que son como diez, me planto así con esa ingenuidad, esa ternura y puedo trabajar sin restricciones. Hay una parte que tengo que ir en contra de mí mismo, pero es cuando la novela ya está escrita y está bastante corregida. Entonces es evidente que mi experiencia se refleja.


¿Cómo ha crecido el personaje de Mendieta a lo largo de sus libros?

Lo que sé es que se ha convertido en uno de los detectives más famosos de este tiempo, más conocidos del mundo de habla hispana. También compite con detectives del habla inglesa, sobre todo. Eso tiene que ver con la evolución y que el diseño original que hice del detective no tenía mucho que ver con la expresión de su personalidad o cosas que no eran necesarias con la realización de su trabajo como detective. Pero en cada novela tengo que agregarle algo que tiene que ver con su vida particular: sus padres, un hijo, una chica que lo ama y que está muy desconcertado por esa confesión de ella. Y claro todo eso lo impacta en su relación con el whisky, que la controla por horas o por días; y no es que vuelva a caer, es que él es tan intenso que necesita un instrumento para apaciguarse, pero el problema es que no se mide, como todos los alcohólicos.


¿Cuál es el motivo de recrear la situación social de México en sus novelas?

Que soy un patriota… Je, je, estoy bromeando. Si soy un escritor de novelas policiacas, la novela policiaca es un registro de la realidad, y si yo elegí esta época para contar, para escribir mis novelas, pues tienen que aparecer como son. Al principio fue como la elección del tema y ya. Trabajo mucho sobre la forma, el cómo, y me olvido a veces de que estoy contando historias tremendas. Pero es la gente, los lectores quienes me regresan a eso. Los lectores son los que me dicen que estoy contando el país, que estoy haciendo un registro social muy fuerte de lo que es nuestro país. Al principio me asustaba pensar que mis novelas solamente puedan ser valoradas por la temática que tratan, porque mi aspiración es que sean valoradas por eso, pero también por la forma en que están escritas. Actualmente ya es una cosa que no me preocupa y, como te decía, escribo como si fuera la primera novela.

¿A partir de qué idea nace El amante de Janis Joplin?

Yo estaba en una cantina, y a mi lado había cuatro muchachos que estaban bebiendo; ya estaban borrachos y ellos empezaron a contar historias. Y contaron la historia de un serrano, así medio limitado, que estaba enamorado de su vecina. En un baile la vecina lo obligó a bailar con ella; y bueno, bailaron; pero nadie bailaba con ella porque su novio era uno de los narcos del pueblo. Entonces, él bailó porque ella lo obligó, y en eso llegó el narco, que era joven, y lo que hizo fue que lo empujó, lo ofendió y le dijo cosas. Así que él tomó una piedra, le pegó y lo mató. Y se fue al valle, así dijeron, y ahí terminó la historia. Cuando yo oí esa historia, yo siempre traía una libretita pequeña y la saqué y tomé nota. Estuve otro rato y me fui y dije: “Esto es una novela”. Luego fue cuestión de procesarla y descubrir cómo tenía que escribirla, y ya lo hice.


¿Qué es lo que más disfruta cuando escribe novela policiaca: la narrativa, la historia o alguna otra cuestión en particular?

¿Quién dijo que se disfruta? Es ir por momentos. Disfruto sobre todo cuando hay momentos en los que me suelto y escribo con mucha ligereza; ahí es cuando me siento bien. Pero casi nunca me siento bien, porque siempre estoy muy vigilante de lo que estoy haciendo, y no implica placer. Implica ser un profesional, estar haciendo un trabajo que quiero que me quede lo mejor posible, aunque sea la primera vez, con esa ingenuidad, y canalizarla de esa manera.

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